Ricardo Valenzuela

Reflexiones Libertarias

Ricardo Valenzuela

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ABREME LA PUERTA QUE ME ANDO CAYENDO

REFLEXIONES LIBERTARIAS

ABREME LA PUERTA QUE ME ANDO CAYENDO

Ricardo Valenzuela

El economista, Hernando de Soto, ha llegado al umbral de los laureados, por sus investigaciones de la forma en que reaccionan los mercados ante las agresiones de gobiernos miopes. Nos demuestra cómo débiles actores económicos, ante la infinidad de obstáculos construidos por burocracias, deciden evadirlos viajando a la economía subterránea.

Pero lo más impresiónate es el darnos cuenta cómo las economías subterráneas, en muchos países, logran dimensiones similares e inclusive mayores que las formales, en lo que Vargas Llosa ha bautizado como, “La Revancha de los Pobres.”

Sin embargo, este fenómeno no es exclusivo de países pobres en los que, sus gobiernos, los ahogan con pretorianos arneses. Los EU vive una situación que nos demuestra la manera en que, ante los retenes para detener los flujos naturales del mercado, sus actores han encontrado “El Otro Sendero.” Pero frente a un año de elecciones, los políticos arrecian su metralla contra ese “diabólico ser,” el inmigrante ilegal, que tan bien les sirve para limpiar sus expedientes.

Hay una ley económica que no tiene discusión, oferta y demanda siempre se encontrarán, legal o ilegalmente. El problema migratorio de los EU, es la manifestación más clara de ello. Mientras los EU demande esa mano de obra y México la oferte, no habrá forma de evitar se encuentren en cierto punto de la curva. Pero este problema es mucho más complicado. Es decir, ¿Qué es lo que origina esta oferta y demanda tan especial?

El fenómeno tiene profundas raíces. Se inicia en México cuando, ante la ineptitud de nuestros líderes para reformar el aparato económico, no se producen los empleos que la población demanda. Traducido; sí México quiere llegar a la meta de crear más de un millón de empleos al año para equilibrar su mercado laboral, le urge portar una economía creciendo a un ritmo de 8 a 9% anual. Y mientras permanezca ocupando el lugar #65 en el índice mundial de libertades económicas, jamás lo logrará y la oferta sigue creciendo.

Pero aun suponiendo se produjeran los empleos demandados, las alcanforadas políticas económicas de México, han provocado al ingreso per capita entre los dos países lo separe una diferencia abismal por lo que, un mexicano recompensado con el salario mínimo, no resiste la tentación de cruzar una línea para que su ingreso se multiplique diez veces.

En EU la aportación es diferente. Desde el estallido de la Revolución Industrial, se iniciaron movimientos y legislaciones para, supuestamente, proteger a los trabajadores de los horrores de ese histórico movimiento. Es decir, si una maquina podía hacer el trabajo de cinco hombres ¿Qué hacer con los desplazados? Fue cuando los “gobiernos progresistas,” a principios del XX, se dieron a la intervención sin permitir que los mercados, con su flujo natural, llevaran a cabo el colado de la economía.

Con el estallido de la Gran Depresión, llegaría a la presidencia FDR para, aplicando las recetas keynesianas de gratificación instantánea, ante los ojos del mundo lograra el milagroso rescate avalando al fornido estado interventor, contra el cual Von Mises nos advirtiera. Los resultados de su New Deal, sería el nacimiento de un moderno Frankestain, los sindicatos, y algo que el mismo Keynes evadía al afirmar; “en el largo plazo todos estaremos muertos”…la cruda.

El partido demócrata fuente de la verdadera ideología libertaria, renegando de ella, se aliaba a ese sindicalismo. El partido republicano que, desde la era de Lincoln gestara el poderoso gobierno central, iniciaría coqueteo con ese vitaminado actor económico, los sindicatos. El resultado fue un mercado laboral inelástico el cual provoca empresas como Ford y General Motors, ante su imposibilidad de hacer frente a demandas que han elevado el costo de la mano de obra hasta $45 la hora, anuncien el despido de 70,000 obreros.

Fox lo definió, pero a su estilo, nebulosamente. Los ilegales están dispuestos a desarrollar trabajos por el precio que dicta el mercado, mientras que, los legales pretenden que ese precio sea fijando a través de mecanismos políticos. Es decir, si yo contrato un miembro del sindicato X para hacer mi jardín, el precio que debo de pagar, fijado a base de presiones políticas, me dejaría sin capacidad para pagar renta o ir al supermercado. ¿Qué hago? Contrato a Pancho, del estado de Guerrero, quien está dispuesto a trabajar por un precio razonable.

El argumento en favor de trabajadores extranjeros es sencillo. El sistema capitalista está diseñado en función de los intereses de los consumidores, no de los trabajadores o de las empresas. Con el fin de permanecer competitivas, las compañías están obligadas a maximizar el uso de sus los recursos, incluyendo la mano de obra, su costo principal.

Por ello deben adoptar continuamente medios de producción más eficientes, lo cual implica la sustitución de mano de obra doméstica cuando la productividad de la mano de foránea reduce sus costos. Por lo tanto, es la "codicia" de los consumidores en su búsqueda del mejor producto al más bajo precio, la fuerza motora para la demanda de esa mano de obra "barata." La búsqueda de productividad y eficiencia, es simplemente un derivado de la competencia y de la soberanía del consumidor.

Los ilegales le dan elasticidad a un mercado cuando, a través de la competencia, presionan para que el precio no escale niveles con los que las empresas no pueden operar. Ello provoca la rabia de los sindicatos cuando pierden el monopolio de la oferta. Si los campos de California y Texas fueran cosechados por miembros del sindicato de trabajadores automotrices, el precio de los tomates se elevaría a $100 dólares la libra.

¿Los políticos en EU lo entienden? Por supuesto, pero ¿Quién va a pelear con un sindicato propietario de un fondo de pensiones de 200 billones de dólares? o ¿Con otro que le puede dar varios millones de votos? Es tal el poder de los sindicatos que, en estos momentos, sus fondos de pensiones manejan 6 trillones de dólares y controlan más del 50% de las empresas en bolsa.

¿Lo entienden los políticos mexicanos? Muy pocos puesto que, unos son sólo populacheros que todavía no digieren los hongos de los años 60s. Otros son los demagogos de siempre que se aprovechan de la ignorancia del pueblo. Una pequeña minoría lo entiende, pero no sabe como comunicarlo con efectividad. Entonces, prefieren enviar las bandadas de infelices hacia el norte entonando; “ábreme la puerta que me ando cayendo.” Y ahora con la emergencia de Chávez, Evo Morales, Humala en su toma de Sur América; le seguimos con: “de furgones y parrillas me he venido deteniendo.”

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