Ricardo Valenzuela

Reflexiones Libertarias

Ricardo Valenzuela

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LA COMPETENCIA PAGA

REFLEXIONES LIBERTARIAS

LA COMPETENCIA PAGA

Ricardo Valenzuela

“Soberbia es exhibición de cobardía y debilidad; es el miedo oculto a la competencia y terror a los rivales.”

Fulton Sheen

Desde el arribo de los conquistadores ibéricos al nuevo mundo, se dieron al establecimiento de instituciones monopólicas tan populares en la madre patria: la corona española en la política, la iglesia católica propietaria del mundo espiritual—educacional, y el mercantilismo económico. Así, la competencia era vedada para darle paso a las encomiendas y concesiones. Pero en el México moderno, el concepto, herencia de nuestros antepasados, sigue siendo rechazado ignorando es el condimento esencial cincelando las sociedades prósperas.

Durante las últimas semanas, en mi estado, Sonora, se han presentado situaciones que provocan confusión y descontento entre la ciudadanía. Sin embargo, el ramaje emergiendo para mostrar ese tipo de reacciones, tiene raíces más profundas de las que aparecen en la superficie. Yo siento el transitar de México por una complicada ruta en la cual, después de siglos de confusiones y errores, debemos definir las responsabilidades de sociedad, estado, gobierno y, en especial, hacia donde nos dirigimos. Sonora es sólo un ejemplo.

Sabemos la educación pública es un canceroso tumor que, acompañado de otras enfermedades, no ha permitido el desarrollo saludable del alumno ni despegue del país, y para muestra sólo debemos asomarnos a Oaxaca. En mi tierra, el primer petardo iniciando estas explosiones, ha sido la escandalosa aparición de los libros de texto escolares con los que, en opinión de muchos ciudadanos, la federación cruza esa delgada línea que divide educación del allanamiento de los hogares.

Ante ello, el gobierno del estado, provocando cierto asombro, simplemente decidió rechazar dichos textos por considerarlos atentatorios contra la moral. Me parece que, si en realidad el gobierno federal produjo libros que han cruzado esa línea, en alguna parte de la tubería tenemos una fuga; La grave falla del control de calidad en los instrumentos formadores de nuestro futuro, los niños responsables del mañana mexicano.

Ahora, la actitud del gobierno de Sonora ignorando el mandato de la federación, puede tener varias lecturas. Primero, no es función de ningún gobierno indoctrinar o moralizar, mucho menos a nuestros jóvenes y niños. Esa debe ser responsabilidad de las familias, las iglesias y sus pastores. Y es aquí donde emerge el siguiente petardo. El que los textos sean obligatorios en un sistema de educación único, nos lleva a las garras del monopolio. Es decir, ante un solo proveedor, se priva al mercado de lo que Milton Friedman elevara a nivel de religión; “La libertad para elegir.”

Si la educación pública tuviera que competir, por ejemplo, a través del sistema de vouchers (vales) con los cuales, los padres pudieran ejercer la opción de transferir a sus hijos a escuelas mejores, públicas o privadas; Si en realidad esos textos son ofensivos e invasores, el mismo mercado los rechazaría. De esa forma, los padres de familia, la base de la pirámide en ese mercado educativo, estarían tomando esa importante decisión y no el supremo gobierno.

El secreto del éxito de las economías libres, en gran parte se debe a la competencia que provoca calidad y quienes no la producen, son arrollados por lo que Shumpeter bautizara como; “la creativa destrucción de los mercados.” Es decir, edificaciones establecidas sobre cimientos arenosos, tarde o temprano se derrumban. Con un sistema de vauchers, miles de escuelas cerrarían ante el rechazo de “los clientes.” Pero surgirían nuevas instituciones para competir ofertando mejores productos, o, las existentes, ante su amenaza de muerte súbita, se convertirían en verdaderos centros de calidad.

La educación pública en México, requiere de cirugía mayor y mientras se mantenga ese monopolio estatal que devora gran parte del presupuesto, jamás podremos ofrecer el producto que los mexicanos requieren para interactuar en un mundo cada vez más competitivo. El problema generado por los libros de texto, es sólo uno de los síntomas de una grave situación con diagnósticos aterradores, que involucra también otras actividades como teléfonos, petróleo, electricidad y demás monopolios.

La siguiente explosión fue provocada cuando el gobierno autorizara un aumento del 25% en las tarifas del transporte público. Este problema, al igual que el anterior, es reflejo de una economía que permanece atrapada entre las redes estatales. Un sistema de economía de mercado, debería presentar un cuadro en el cual los prestadores de servicios, fuera de los controles gubernamentales, pudieran acudir libremente a competir y, de esa forma, los más eficientes presionen a los menos provocando los productos sean de calidad a precios que dicte el mercado, no el estado. El lenguaje de la sociedad en el mercado libre, es el sistema de precios con el cual califica a los oferentes compitiendo.

En un sociedad libre, la función del gobierno debería ser sólo de vigilancia para evitar se provoquen los fenómenos de las economías intervenidas; monopolios, oligopolios, carteles. Sí esas desviaciones se hacen presente, es cuando se requiere el gobierno, no el mercado, fije precios que siempre son más altos y no corresponden a la calidad de esos productos. Pero cuando el mercado es intervenido y manipulado, sus oferentes, bendecidos por el gobierno y vacunados contra su creativa destrucción, no tienen incentivo para mejorarlos.

Pero en nuestro país, el concepto de competencia es tan rechazado que, aun en el escenario de la política, no hemos entendido democracia liberal es eso; competencia por las voluntades populares a base de ideas, propuestas y, en toda competencia, hay ganadores sin que necesariamente haya perdedores. Por eso es in entendible que, cuando en una elección surja un ganador, el opositor que no obtuvo la victoria en las urnas, asuma una actitud kamikaze de chamaco berrinchudo.

Walter Mondale, al perder la elección presidencial ante Reagan en 1984, exclamó: “La forma en que manejes una derrota, no debe tomarse con ligereza. Ese manejo es un verdadero arte y tienes que aceptarla con hombría y patriotismo. Después, entender que intentase el logro de algo grande, pero es ya tiempo de la retirada. Finalmente, la derrota es parte de la educación, en especial, cuando enfrentaste galantemente a un gran oponente. Porque hay algunas derrotas mas triunfantes que las victorias.”

¿Escuchó su Excelencia Andrés Manuel I?

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