Ricardo Valenzuela

Reflexiones Libertarias

Ricardo Valenzuela

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¿REALMENTE ERES DE IZQUIERDA?

REFLEXIONES LIBERTARIAS
¿REALMENTE ERES DE IZQUIERDA?
Ricardo Valenzuela

Después de la tempestad llega la calma. Pero ¿realmente ha llegado? Me sumerjo en los mares de nuestras confusiones ideológicas, por un solo motivo, identificar ese remolino de percudidas aguas en donde algunos aspirantes a navegar el buque, utilizando mapas equivocados, intentaran, y seguirán intentando, enfilarlo hacia el naufragio.

Desde que inicié el desarrollo de una vieja inquietud; escribir, he recibido respuestas que transitan desde manifestaciones que podría describir como admiración, hasta las mas burdas agresiones. Con la brújula extraviada se me ha etiquetado de fascista, nazi, capitalista salvaje y, lo más ofensivo, militante de la derecha.

Hace días, navegando el Internet, con sorpresa me encuentro uno de esos despistados obuses lanzado por un señor Gerardo Murrieta, que me sirve la mesa para mi exposición de motivos.

Reconoce mi capacidad pero expresa, "eso no debe justificar su xenofobia hacia los progresistas ni su chovinismo ranchero defensor de la derecha." Procede entonces; "el señor aun tiene nostalgia por el poder y, al igual que sus compañeros millonarios, quiere formar un mundo de los del saco gris." Afirma mi lejanía de los sufrimientos del pueblo y pregunta "¿Qué sabe de las luchas de quienes somos la cultura del esfuerzo? ¿De las condiciones materiales diferentes a las de los Mazón, Valenzuela etc.? Cierra poéticamente exhortándome a que "no me gane la víscera burguesa."

En primer lugar, confirmo al Sr. Murrieta que efectivamente soy miembro de esa familia Valenzuela a la cual se refiere envuelto en resentimiento. Soy, además, nieto de Manuel P. Torres, uno de los más conocidos latifundistas surgidos en Sonora. Pero un hombre de quien que Lázaro Cárdenas, que conociera en 1914 en La Colorada siendo Capitán; ya como presidente expresara; "es el único que merece serlo pues lo construyó trabajando."

Lo que no soy Sr. Murrieta, alguien que se forma en la derecha ni promotor de un mundo de sacos grises. El gris es un color que no me favorece, a mi me gustan los colores fuertes y pintadores.

Al tacharme de burgués, le pedirá definir el concepto. Porque si supiera la burguesía fue una clase emergente de los explotados siervos cuando el Rey de Inglaterra, acotado por la Carta Magna de 1215, abriera el abanico de oportunidades monopolio de la realeza, no me colgara la etiqueta. Es decir, amigo Murrieta, la burguesía es el verdadero resultado de la cultura del esfuerzo que, abonada por el liberalismo, germinaba en oportunidades para todos e igualdad….ante la ley.

Pero en México, el venenoso cóctel de las ideologías deformadas continúa embriagando la conciencia de sus hijos. Y lo afirmo incluyéndome. Como miembro de la odiada burguesía que cita el Sr. Murrieta, fui educado para, con esos actos de fe, aceptar los dogmas que han producido el México que, ante el asombro del mundo, hace días se develó en el congreso. El de ALMO, el de Slim, el de Oaxaca, el de Televisa, el de los macheteros de Atenco, en un bacanal de izquierdas, derechas, conservadores, progresistas que nadie entiende, pero como afirmara el Dr. Guerra de Guadalajara, "cualquier rato me llega alguien con una muela picada en el sobaco."

En colegios privados me enseñaron a odiar a Benito Juarez y sus leyes de Reforma, a Martín Lutero, a los liberales del siglo XIX. Después, ante las agresiones al fruto del trabajo de mi abuelo, aprendí a odiar la Reforma Agraria y demás adefesios producto de una revolución que fuera nuestro tiro de gracia. Me provocaban odiar esa "izquierda" de Echeverría y demás destructores de la patria y, sobre todo, el cincelado en mi mente de un esquema no negociable.

Mi conversión al verdadero liberalismo, el de Locke y el recién fallecido Milton Friedman, me rescataba del laberinto propietario de mi conciencia mercantilista y, armado de esa tolerancia que surte su filosofía, abría mi mente para entender otras corrientes de pensamiento. Aprendía de la metamorfosis sufrida de un esfuerzo nacido en el ala "izquierda" del parlamento francés que, durante su revolución, buscaba libertad e igualdad, hasta degenerar en regímenes injustos y opresores.

Una "derecha" emergiendo ahí mismo, para conservar el estado de la insultante monarquía y feudalismo, luego arribar al mercantilismo de los gobiernos republicanos, y pasara después a usurpar las funciones de la sociedad en lo que Mises bautizara como intervensionismo. Una moderna monarquía con ropajes republicanos y demócratas. Pero lo mas grave, un hibrido mexicano sin coordenadas ni puntos cardinales mas que los de los propietarios del usurpado poder.

Como convertido liberal, tuve oportunidad de analizar, sin compulsiones como las del Sr. Murrieta, la "etiquetada izquierda" moderna y recatada. Al conocer a Cuauhtemoc Cárdenas, llegué a darme cuenta de sus admirables ideales por justicia y, sorprendido, mis coincidencias con él. Fue cuando llegué a pensar México requería de, ¿una izquierda moderna? para, como en los países libres y desarrollados, lograr ese elusivo equilibrio natural que no permite la concentración de poder.

Cito de nuevo al Sr. Murrieta refiriéndose a mi: "A este señor se ve que le incomoda López Obrador ¿será que siente miedo que se destape el FOBAPROA?" No señor, no me preocupaba el FOBAPROA, pero si un lunático como ALMO que tanto daño le ha hecho a eso que llaman "izquierda responsable." Hacia ese rumbo apuntaba mi xenofobia porque si conozco los sufrimientos de nuestro pueblo y a sus responsables.

Pero lo más lamentable, es que esos fedallines continúen con sus actitudes destructivas como la defensa de Flavio Sosa, las altanerías del Senador González que ahora exige disculpas para el ofendido PRD, o las posturas, estilo indio Fernández, de un enrabiado tipo llamado Noroña—que debería de ser Llorona— cuando gritando afirma, no perdonan ni olvidan. El nuevo gobierno no cumple su primer mes, cuando ya se le etiqueta desde Cristero hasta el nuevo imperio de Maximiliano.

Esa "destructora izquierda," que nada tiene que ver con la nacida en el parlamento francés, no respeta las tradiciones de la patria puesto que nunca las han comprendido. Dicen aspirar a la igualdad de clases y en esa supuesta búsqueda, no importa el precio en sangre que se deba pagar. En su causa no hay asesinos ni sanguinarios, y lo afirman con su derecho de gavilla. Careciendo de grandeza interior, no son capaces de un proselitismo honorable y efectivo.

Pero ¿son ustedes realmente de izquierda? Pregunto porque esa estúpida consistencia es duende de mentes mediocres, adoración de politiquillos, filósofos de peluquería y teólogos de cantinas de barrio. Y la derecha ¿donde anda? Tal vez por todo este enredo Hayek escribiera su: "Por qué no soy un Conservador." Soy liberal.

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