Ricardo Valenzuela

Reflexiones Libertarias

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CUATRO MILPAS TAN SOLO HAN QUEDADO

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CUATRO MILPAS TAN SOLO HAN QUEDADO

Ricardo Valenzuela

Hace algunos, recién anclado en Tucson, años tuve la visita de mi buen amigo Luis Eng, exitoso agricultor y empresario de Sinaloa. Siendo Luis de origen Chino, la conversación se orientó hacia ese intrigante país. De repente, como si alguien me estuviera dictando le afirmo: “China es el futuro del mundo y en los siguientes años estará provocando grandes contorsiones globales.”  

Luis sorprendido me pregunta ¿Cómo cuales? Continúo. “Abandonará el comunismo y cuando sus 1,000 millones de habitantes se dediquen a producir, provocarán una seria deflación a nivel mundial. Pero luego, ya con capacidad de compra, iniciaran una demanda mundial para provocar entonces inflación.” Luis le dirige la mirada a su hijo y le afirma: “Nunca se te olvide lo que nos ha dicho Ricardo.”  

De todas las áreas que mal manejan los gobiernos del mundo, hay dos en donde cruelmente provocan catastróficos problemas: La agricultura y el petróleo.  

De los dos males que azotan la economía mundial—la bacanal financiera y la escalada del precio de los alimentos—éste último es el más preocupante. En países subdesarrollados sus habitantes gastan hasta ¾ del ingreso en alimentos. Por ello, el alza de precios provoca explosiones sociales y, si no se toman medidas inteligentes, se nos dibuja un infierno de Dante con la hambruna cabalgando por el mundo. 

El disparo de los precios se aplica a casi todos los alimentos. Sin embargo, esta escalada es parte de un aumento generalizado en productos básicos. Son poderosas fuerzas las que ligan los precios de la energía, materias primas y los alimentos. En esta fiesta participan países emergentes reportando agresivos crecimientos económicos, los graves obstáculos con que se limita la producción mundial, la debilidad del dólar y ya presiones inflacionarias.  

Sin embargo, el cuadro alimentario transita con su propio significado. Como lo señalara recientemente HSBC, ante el aumento de precios del trigo y el arroz, han surgido explosiones sociales provocando el que países como la India, Cambodia y China decreten la prohibición de las exportaciones para que el problema se torne aun más grave. Es como si a un cursiento le dieran una purga de ricino.  

Pero ¿Por qué se disparan los precios? ¿Serán permanentes? ¿Qué tipo de acciones se deben de tomar?  

En el estadio de la demanda, un incremento en los ingresos per cápita en China, la India y otros países emergentes, provoca aceleren la demanda de alimentos, notablemente de carne, y ello conlleva a la explosión de granos para consumo animal. Estos cambios, sin respuestas de los productores, han disminuido la disponibilidad de cereales para consumo humano. El aumento en la producción de biocombustibles, subsidiados y estimulados por los precios, está incrementando la demanda de ese tipo granos desactivando la producción de granos comestibles.  

El FMI informa que, aun cuando los biocombustibles representan sólo 1 ½% de la oferta mundial de combustibles líquidos, han sido responsables por la mitad del aumento en el precio de los granos para consumo, especialmente porque el etanol, a base de maíz, se produce totalmente en los EU.  

Por otra parte, la producción de sorgo, arroz y soya decreció en el ciclo 2006-2007 debido a las graves sequias. Agregando al potaje podemos afirmar parte del incremento en los precios del petróleo—además de la nueva demanda de China y la India—ha sido provocado por una agricultura intensiva en el uso de energía. Con una débil oferta y una creciente demanda, los inventarios de cereales han caído a su más bajo nivel de los últimos 30 años. Esa baja, descalifica la creencia de quienes culpan a especuladores del problema. ¿RAZON? Si los precios estuvieran por encima de los niveles para que los mercados procedan a su colado, los inventarios estarían aumentando no disminuyendo.  

Más preocupante que la especulación, es la borrosa visión del crecimiento de la oferta. El incremento de la producción por hectárea de los años 70 y 80, cuando reinara la revolución verde, se ha detenido. Si al potaje le sumamos el estrés que provoca la disponibilidad de agua, el 90% de la tierra en el oeste de los EU propiedad del gobierno, el inepto ejido mexicano, las expropiaciones en Sur América, la guerra de Cristina contra los agricultores argentinos, los prospectos a largo plazo son preocupantes.  

Pero ¿Estamos condenados a eso precios? Aquí tenemos dos fuerzas que colapsan. La primera es el mercado. Si el mercado es libre, debe provocar la baja de precios con aumentos en la producción. Se puede considerar otro elemento para el potaje—Que el consumo disminuya. Pero lo que debemos evitar es una demanda bulímica. El reducir el consumo no es una solución, es un fracaso similar al que Carter le proponía en 1980. La segunda fuerza es la presión provocada por el sistema alimentario mundial. Un sistema repartidor sin saber ni entender de dónde viene lo repartido.  

Entonces ¿Qué hacer? La respuesta invade tres categorías: La humanitaria; el comercio mundial con sus políticas interventoras; la conducta de la producción y productividad a largo plazo  

El punto clave de la primera es que los precios de alimentos fabrican poderosos efectos distributivos: Afectan a los más pobres de los pobres. En estos momentos hay 37 países con graves necesidades de ayuda alimentaria. Este aumento de precios está creando 100 millones de nuevos hambrientos reclutas cada año. La ayuda para los necesitados es vital. Pero igualmente importante es asegurarse de que llegue a su destino y no cree dependencia.  

Pero ¿Cuál es el verdadero problema? Proteccionismo, subsidios, intervencionismo y todo ese tipo de falacias que han arruinado la agricultura. En estos momentos tenemos la gran oportunidad que brindan los precios altos para desmantelar ese ogro proteccionista. Muchos países, en su lugar, cometen la estupidez de gravar las exportaciones reduciendo el incentivo para producir y penalizando a los países pobres importadores. Entre tanto, países ricos casi obligan a sus agricultores a producir combustible en lugar de alimentos.  

La crisis que vivimos es la gran oportunidad para eliminar el ogro radioactivo intervencionista. El objetivo debe ser orientar al sector agrícola hacia el mercado. La única solución permanente ante un aumento de precios, es un incremento en la producción y eso sólo se podrá lograr liberando la actividad de las garras de los gobiernos. Si a los agricultores les dan la libertad y seguridad para trabajar y producir, las monstruosas cosechas del año entrante estarán provocando la baja de los precios. No hay mejor incentivo para producir, que precios altos.  

Si no lo hacemos, se consumará la profecía del orate Ted Turner quien afirma en unos años nos estaremos devorando unos a otros, pues como dice mi querido Cabechas González Iñigo, no debemos depender del petróleo para la “papa.”

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